Por Gonzalo Pampin, Executive Director | Broadcast & Audiovisual Industry | LATAM Strategy, Technology & Operations | Mediapro
LA PRÓXIMA DÉCADA DEL BROADCASTING DEPORTIVO… QUE SUCEDERÁ?

Después de más de 42 años inmerso en esta industria, tengo la sensación de que estamos entrando en una década donde probablemente veamos uno de los cambios más profundos en la forma de producir, transmitir y consumir deporte.
Durante muchos años, la capacidad de hacer una gran producción estuvo directamente relacionada con el tamaño de la estructura y la inversión disponible. Eso está cambiando.
Mi visión es que durante la próxima década vamos a producir mucho más deporte, con estructuras más pequeñas y tecnologías cada vez más accesibles, mientras el espectador tendrá cada vez más libertad para decidir qué quiere ver, dónde, cuándo y durante cuánto tiempo.
Eso puede abrir oportunidades enormes para nuevos jugadores y para deportes que hasta ahora tenían poca visibilidad, pero también va a poner bajo presión modelos de negocio, estructuras y formas de producir que funcionaron durante décadas.
No significa que las grandes producciones vayan a desaparecer. Probablemente suceda algo diferente. La gran producción se concentrará cada vez más en aquellos acontecimientos donde realmente agregue valor, mientras una parte enorme del resto del deporte podrá producirse de manera más simple, automática y económica.
Ahí está, para mí, el verdadero cambio.
Durante décadas el broadcasting profesional estuvo asociado a grandes estructuras. Unidades móviles, mucha gente, equipamiento costoso, grandes centros de producción y compañías capaces de realizar inversiones fuera del alcance de casi todos.
Eso armó una industria bastante polarizada. Por un lado las grandes producciones broadcast, con estándares y costos muy altos. Por el otro las producciones industriales, amateurs o de bajo costo, con pocas posibilidades de competir en calidad.
Esa frontera hoy empieza a ser mucho menos clara.
Una estructura pequeña, con buena gente, buenas ideas, conectividad, cámaras accesibles, producción remota, software, cloud e inteligencia artificial puede hacer cosas que hace pocos años necesitaban una infraestructura varias veces mayor.
La tecnología está democratizando el talento
Hoy se puede experimentar, equivocarse, volver a probar y encontrar una manera diferente de hacer las cosas. Ahí aparecen la astucia, la creatividad y la capacidad de cada emprendedor.
Una compañía pequeña puede encontrar una solución que una empresa gigantesca no vio. Un grupo reducido puede desarrollar una forma de producir más eficiente que una estructura mucho mayor.
Pero democratizar las herramientas no garantiza mejores producciones.
La tecnología puede bajar las barreras de entrada, pero siguen siendo fundamentales el conocimiento, la experiencia y el criterio. Tener las herramientas no significa necesariamente saber contar una historia, entender un deporte o reconocer qué imagen es importante en el momento justo.
El riesgo está en confundir producir más barato con producir mejor.
Más deporte no necesariamente significa más negocio
Nunca hubo tanto deporte disponible.
Competencias y categorías que hace algunos años no tenían producción audiovisual hoy pueden transmitirse prácticamente desde cualquier lugar y a costos cada vez menores.
Eso abre una oportunidad enorme para deportes, clubes, federaciones y atletas que antes tenían muy pocas posibilidades de llegar a una audiencia.
Pero producir mucho más deporte no significa necesariamente que el negocio de las grandes compañías vaya a crecer en la misma proporción.
La enorme cantidad de eventos genera un menú gigantesco para el espectador, pero también convierte muchas transmisiones en productos más estandarizados y realizados con tecnologías cada vez más económicas.
Podemos transmitir mucho más, pero cada transmisión individual puede tener menos valor, sin duda una contradicción interesante.
Lo que antes necesitaba una unidad móvil, varias cámaras, técnicos, operadores, realización, repeticiones, gráficos y una logística considerable, en determinados eventos empieza a resolverse con menos infraestructura, software y una intervención humana mucho menor.
La inteligencia artificial seguramente tendrá un papel creciente en el seguimiento de jugadores y pelota, selección de cámaras, repeticiones, gráficos y realización automática.
Pero la automatización también tiene límites.
Una cosa es seguir una pelota y otra interpretar lo que está sucediendo, anticipar una historia, entender la emoción de un estadio o tomar una decisión creativa.
La eficiencia será fundamental, pero no debería ser el único criterio.
También cambió la forma de mirar deporte
Uno de los cambios más importantes de la última década está del otro lado de la pantalla.
Cambió el espectador y cambió la forma de mirar.
Durante muchos años pensamos una transmisión para alguien sentado frente a una pantalla durante dos o tres horas. Ese modelo sigue existiendo, especialmente para los grandes eventos, pero ya no es la única manera de consumir deporte.
Sobre todo entre los más jóvenes.
Muchas veces ya no hay una gran pantalla, no hay un sillón y tampoco hay dos horas disponibles para mirar un partido completo.
El deporte se consume en un teléfono, en un taxi, en un colectivo, en la playa, en un restaurante, esperando un avión o simplemente caminando.
Y eso cambia el producto.
Los highlights, los clips, las repeticiones inmediatas y los momentos destacados adquieren cada vez más importancia. La experiencia deja de ser completamente lineal.
Uno entra, mira, cambia, vuelve, busca otro deporte o sigue solamente los momentos que le interesan.
Esto también favorece el multideporte, especialmente en grandes juegos y competencias internacionales. El espectador puede mirar atletismo, pasar a natación porque comienza una final y después volver o elegir otra competencia.
Cada persona empieza, de alguna manera, a armar su propia transmisión.
Pero también existe un riesgo.
Si todo se transforma en clips de pocos segundos podemos perder algo esencial del deporte. La espera, la tensión, los tiempos del juego y la construcción de una historia hasta llegar al momento importante.
No todo puede reducirse al highlight.
El desafío será darle al espectador libertad para elegir sin perder la capacidad de contarle una historia.
Los grandes eventos seguirán siendo diferentes
Una final mundial, unos Juegos Olímpicos, una Copa del Mundo, una Champions, una Libertadores o cualquier gran acontecimiento deportivo seguirá necesitando creatividad, narrativa, especialistas, cámaras especiales y una infraestructura acorde con su importancia.
Porque en esos casos la realización también forma parte del espectáculo.
Pero probablemente sea cada vez más difícil justificar esa misma estructura para los miles de eventos que forman parte de la oferta deportiva cotidiana.
Ahí el objetivo puede ser otro.
Cobertura, disponibilidad, facilidad de acceso y cantidad.
Podemos encontrarnos con una enorme base de producciones automáticas o semiautomáticas, económicas y estandarizadas, y por encima un grupo de grandes acontecimientos donde la producción seguirá teniendo un peso fundamental.
Transmitir un evento y producir un evento no son necesariamente lo mismo.
Las grandes compañías también tendrán que adaptarse
Las grandes compañías seguirán teniendo ventajas importantes. Experiencia, escala, capacidad financiera, relaciones comerciales, conocimiento y gente con muchos años dentro del negocio.
Pero el tamaño por sí solo quizás ya no alcance para garantizar una ventaja.
Y hay otro cambio que me parece importante y del que se habla bastante menos. Tiene que ver con quién conduce el negocio y quién toma las decisiones sobre la producción y las operaciones.
Durante muchos años, al frente de las grandes compañías productoras había fundamentalmente productores, ejecutivos y perfiles comerciales que conocían profundamente el negocio. En los últimos años esto fue cambiando y la tecnología empezó a tener una intervención mucho mayor, no solamente en las operaciones sino también en las decisiones empresariales.
La tecnología hizo posible producir mejor, más rápido y a menor costo. Pero creo que existe cierta confusión cuando se atribuye esa reducción de costos a quienes administran o implementan la tecnología.
Es la propia evolución tecnológica la que está haciendo posible gran parte de esa transformación.
Los técnicos son fundamentales. Son quienes conocen, implementan y hacen funcionar esas herramientas. Pero la tecnología y la técnica son un medio para producir, no necesariamente quienes deben definir por sí solas el producto o el modelo de negocio.
Cuando esa frontera se pierde, puede aparecer un problema.
Por desconocimiento, por necesidad de reducir costos o simplemente por la presión de mostrar resultados rápidos, algunas compañías pueden terminar colocando decisiones productivas o comerciales en manos de personas que no necesariamente tienen experiencia en producción o en el negocio.
En el corto plazo incluso puede parecer exitoso. Se reducen costos, se producen más eventos y algunos indicadores mejoran.
El problema puede aparecer después.
Porque una compañía puede aumentar volumen y ventas mientras, al mismo tiempo, va reduciendo el valor de aquello que vende. Y en esa búsqueda de resultados inmediatos puede terminar ofreciendo al mercado las mismas soluciones que mañana permitirán que otros hagan ese trabajo con estructuras mucho más pequeñas.
Es una paradoja bastante interesante. En algunos casos, buscando proteger el negocio de hoy podemos estar acelerando la desaparición del modelo que lo sostiene.
Por eso creo que la discusión no debería ser entre productores y técnicos, ni entre negocio y tecnología.
El desafío es volver a juntar esas miradas.
La tecnología tiene que ayudar a transformar la producción y hacerla más eficiente. Pero las decisiones sobre qué producir, cómo hacerlo, cuánto vale y hacia dónde llevar el negocio necesitan también experiencia productiva, comercial y conocimiento de la industria.
Las estructuras complejas y determinados costos empiezan a ser difíciles de justificar cuando aparecen alternativas capaces de resolver muchas producciones de una manera más simple.
Ya no importa solamente quién tiene el camión más grande, el edificio más impresionante o la mayor cantidad de gente. Importa quién consigue hacerlo bien, de manera confiable, flexible y a un costo lógico.
Pero tampoco deberíamos caer en el extremo contrario.
Reducir estructuras no puede significar prescindir del conocimiento acumulado durante décadas. Hay técnicos, productores, realizadores y especialistas cuyo verdadero valor no está solamente en operar una máquina, sino en todo lo que aprendieron trabajando en situaciones reales.
La tecnología debería permitir aprovechar mejor ese conocimiento, no simplemente eliminarlo de una planilla de costos.
Una nueva realidad
Luego de varias décadas viendo esta evolución desde adentro, pasamos de una industria donde las grandes unidades móviles y la infraestructura física eran el centro de todo, a hablar de REMI, IP, cloud, automatización e inteligencia artificial.
El broadcasting ya no es solamente broadcasting.
Es software, IP, cloud, datos, inteligencia artificial y conectividad.
Todo eso abre posibilidades enormes, pero también genera nuevas dependencias y riesgos. Cada vez confiamos más en plataformas, software, redes y sistemas que no siempre controlamos completamente.
Y en medio de todo este cambio hay algo que para mí va a seguir siendo fundamental.
La creatividad.
Una industria con muchas cosas todavía por inventar
En los próximos diez años posiblemente hablemos cada vez menos de producciones broadcast y producciones de bajo costo como dos mundos separados.
Habrá producciones de diferentes escalas y para diferentes necesidades.
Muchas podrán ser automáticas o semiautomáticas, económicas y con una operación reducida. Otras seguirán siendo grandes producciones porque el acontecimiento justificará transformar la transmisión en parte del espectáculo.
La diferencia estará cada vez menos determinada por cuánto cuesta el equipamiento y más por el talento de quienes sepan combinar tecnología, creatividad y conocimiento del deporte.
Hoy una buena idea tiene muchas más posibilidades de competir con una gran estructura. Un emprendedor puede experimentar más rápido y alguien con talento y conocimiento dispone de herramientas que durante muchos años solamente estuvieron al alcance de compañías con enormes recursos.
Eso vuelve a abrir el juego.
Pero también significa una industria más competitiva, con márgenes más ajustados, cambios rápidos y modelos de negocio que todavía están buscando su forma.
No todo lo nuevo será necesariamente mejor y no todo lo anterior tiene que desaparecer.
Después de más de 42 años dentro de este mundo, quizás lo más interesante sea volver a sentir que todavía hay muchas cosas por inventar.
La próxima década puede cambiar profundamente el broadcasting que conocemos. El desafío será aprovechar todo lo nuevo sin perder el conocimiento, la creatividad y la experiencia que hicieron grande a esta industria. 💡
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